miércoles, 5 de diciembre de 2012

II Arquitectura del siglo XIX en Calatrava y su entorno: hierro, hormigón y cristal.

 


 
El habitual templete de la 2ª mitad del XIX  en Plazas, parques y fuentes.
La incidencia del ferrocarril y su infraestructura de estaciones, cada ciudad o pueblo, tuvo una enorme importancia en nuestra comarca y su entorno, este espacio se abrió a la industria y al mercado interprovincial, nacional e internacional en la 2ª mitad del siglo XIX, lo que supuso un enorme cambio en su estructura económica y social.
Con estas premisas, nos encontramos en esta zona centro con ciudades y pueblos que fueron privilegiados con una buenas comunicaciones férreas en estas 2ª mitad del XIX, en pocas ocasiones se consigue sacar adelante un proyecto de comunicación – ya sea férrea o por carretera- entre tantas ciudades y pueblos y, menos aún, si saltaba los límites de la provincia y nación.

Café-Fonda de la Estación férrea de Alcázar de San Juan, 1860.
Como consecuencia, surgió una  nueva tipología de arquitectura, en esta ocasión ligada al  nuevo material hierro, que va a ser única e identitaría, en todos aquellos pueblos que quedaron vertebrados  y que tuvieron el privilegio, bien por su emplazamiento geográfico o por su importancia industrial, de montarse al tren de este progreso: a raíz de ello Alcázar de San Juan (1861), será nudo ferroviario de primer orden, principal nudo ferroviario de la región y un ejemplo de estación en “isla”.



Azulejos con cientos de escenas del Quijote en la Estación de Alcázar de San Juan.

Se inaugura  también en 1860 la línea de MZA hasta Manzanares-Daimiel Ciudad Real. En 1966, se abrían las líneas de Manzanares Córdoba y Ciudad Real-Guadalmez-Badajoz; quedó completa la red provincial hacia 1880 con las líneas Madrid-Ciudad Real, Valdepeñas puertollano y Puertollano-San Quintín-Peñarroya, Así como las de vía estrecha de  la Cuenca Minera de Puertollano y Almadén. Este esquema se mantuvo con pocas variaciones durante gran parte del siglo XX. (No llegó a inaugurarse con los túneles y el explanado de vías realizados la línea de Puertollano-Ándujar).

Tren de Vía estrecha de Valdepeñas-Calzada-Puertollano, “El Trenillo”
La vertebración anterior, con la mayoría de las ciudades y pueblos de la comarca centro unidos por la línea férrea  y  con la coincidencia de una serie de factores culturales, sociales, políticos  y económicos salieron a la luz  en esta 2ª mitad del siglo XIX, una tipología arquitectónica  que puso su acento en el estilo Historicista Neoclásico con rasgos, en muchos casos, modernistas.
Por la singular tipología y porque, en su mayoría , se encuentra en el “Catalogo  Rojo”, Nos detenemos en algunas de estas joyas como el Puente de las Arenas de Guadalmez,  El Viaducto de las Minas de “El Horcajo”, Las Estaciones de Alcázar de San Juan, Valdepeñas, Almadén –Ciudad Real y Puertollano sustituidas por las del AVE.
Antiguo Viaducto del “Tren Minero” de vía estrecha, Puertollano-el Horcajo-Peñarroya.
Aunque en nuestra comarca la burguesía era terrateniente y apenas contribuyó a crear industrias, salvo las de transformación de productos agrarios; sin embargo, va a ser protagonista de las primeras construcciones con rasgos modernistas con el empleo del hierro y cristal como los Balnearios de Villar del Pozo y Puertollano; la Plaza de Daimiel porticada con robustas columnas de hierro (1882), única en su género.

El puente de las Arenas de Guadalmez.


Obra civil de 1870 en la línea férrea Madrid-Badajoz en  el P.K.191, su construcción sólida de fábrica consta de seis ojos con una longitud de 149 metros. Su nombre de  “Mojonera” o “de la Arenas” porque está junto al mojón que marca el límite del término municipal y porque, además, se extrae arena para la construcción.

Puente de las Arenas en Guadalmez en la vía  Madrid-Badajoz.
Sobre tajamares cilíndricos se apoyan los arcos de medio punto con dovelas de piedra y en cada enjuta de los arcos con el entablamento de la calzada se practicaron dos huecos de medio punto también con dovelas,  mayor  la de junto al pilar y  menor según se expande el arco. Sobre los tajamares, igual que los arcos, se apoyan robustas pilastras verticales que sobrepasan los antepechos a modo de almenas. Entre pilastra y pilastra, los guarda pechos de fábrica forman un alero que protege las ventanas de las enjutas, los arcos del puente y la mampostería de los entrehuecos.
La obra de estilo historicista conserva la gravidez y fortaleza  Neoclásica con poca hojarasca decorativa, aunque dicen mucho los huecos de las enjutas, las pilastras en forma de remate y la cornisa de las balaustradas.

Estación de Alcázar, principal nudo ferroviario de la región.


Además de ser la primera estación (1861) tuvo el papel de arranque de la línea: Andalucía y Extremadura. Ello motivo en 1863 a ampliar el edificio de viajeros provisional a una planta de 42x18 m., para instalar  un café-fonda  y una marquesina en la fachada principal, en 1889 se dobla su planta siguiendo la tipología historicista neoclásica muy elegante con guiños modernistas, se construyeron, además, aseos independientes.
La fachada principal del pabellón de acceso a la estación consta de dos alturas y tres cuerpos o calles, marcadas  con un retranque, reforzado con sendas pilastras almohadilladas. Su fábrica de ladrillo visto rojo, alterna muy bien con el blanco de las pilastras adosadas, los frontones de los huecos y las abundantes molduras, más una bella cerámica policromada. Resulta una edificación muy bien estructurada y distribuida con una finura y belleza inigualable en edificio funcional.
Pabellón de acceso desde la calle a la Estación de Alcázar de San Juan.
El edificio con su disposición forma en frente de la Avenida de la Estación, a modo de calle cortada, abre el paso al recinto con tres puertas gemelas dispuestas en el bloque central de la fachada. Puertas con arcos de medio punto con cristales fijos a modo de vidrieras, mientras las hojas móviles son ciegas hasta el zócalo y encristaladas en forma de cuarterones el resto. El segundo cuerpo de esta calle, tras un entablamento, da paso a tres ventanas adinteladas y muy molduradas coronadas con un frontón de medio punto, armonizando en línea y forma con las puertas. Se remata el segundo cuerpo con un entablamento con vocación de cornisa para dar paso al tejado aterrazado cuyo antepecho está franqueado por la prolongación de las pilastras, situadas en las esquinas de esta calle central de la fachada.

Marquesina de la Estación de Alcázar de San Juan Fachada de los Andenes.
Los dos cuerpos laterales al central son idénticos en disposición, tamaño, distribución de huecos y decoración. Constan en el bajo de dos ventanas y tras un entablamento, los segundos cuerpos de ambas calles tiene otros dos huecos  que se rematan con otro entablamento-alero para dar paso al tejado aterrazado cuyo posabrazos esta limitado por la prolongación de las pilastras almohadilladas de las esquinas del edificio y las de la calle central.

Decoración del Pabellón de acceso, el Café-Fonda y Servicios.


La tipología del edificio responde a un Historicismo neoclásico en su estructura y distribución  con rasgos barrocos y guiños modernistas en su decoración. Tanto las puerta como las ventanas están muy  decoradas con rocallas y molduras  en sus vierte aguas, recercados y en sus remates con frontones, rellenos de azulejería, mixtilíneos de medio punto en sintonía con las puertas. Las enjutas de los arcos, incluso por encima de la impronta de éstos, están también decorados con azulejos policromados. De mismo modo, el aterrazado del tejado se decora con azulejos.



Interior del Café-Fonda de la Estación de Alcázar de San Juan.
Frente a este pabellón de acceso, un complejo matriz en isla, separado por las vías, al que se accede por un paso subterráneo; consta de una serie de edificios, entre éstos, ellos principales son el Café-Fonda y los urinarios.  Ambos tienen una decoración impresionante de azulejería de 1873 con numerosas escenas del Quijote. Este complejo esta resguardado por marquesinas metálicas a base de columnas de fundición, réplica de las instaladas por MZA en 1861.
El Pabellón de Acceso y complejo matriz están protegidos por ley, en la actualidad esta estación con el mayor número de pasajeros de la Comunidad, tanto en términos como  de transeúntes.

Estación del tren de Manzanares.


En 1860 se inauguró la línea de MZA hasta Manzanares, Daimiel y Ciudad Real. La estación consta de dos pabellones de una planta  y alargados, uno de acceso, enfrentado al otro, en “isla” como el de Alcázar con las vías por medio y un paso subterráneo. El pabellón de acceso al recinto consta de tres cuerpos de una planta. El central adelantado unos tres metros respecto a los otros dos que lo franquean a derecha e izquierda. El principal tiene la puerta de entrada amplia y adintelada con las mochetas, igual que las esquinas del conjunto, almohadilladas. Se remata este bloque del centro con un entablamento escalonado sobre el que está montada la terraza con un posablazos  doblado con una verdugada para diferenciar este bloque central de los otros anexos
Estación de Manzanares con marquesina sobre columnas de fundido.
Las otras dos edificaciones que franquean a la central están retranqueadas unos tres metros al fondo, ambos son idénticos en estructura y distribución de los cuatro huecos adintelados y recercados de piedra sillar  también almohadillada, así como su frontón mixtilíneo en escalera hasta la clave. Igual que la edificación principal, las anexas se rematan con otro entablamento para dar laso al rejado aterrazado; pero con menor altura el posablazos.  La zona libre por el retranqueo de los edificio al principal está ajardinada  y resguardada por una verja de forja montada sobre un zócalo y mochetas de sillar almohadillado y en línea con el edificio de la entrada principal.

Aún se conservan algunas “tomas de agua” de las antiguas máquinas de vapor de esta línea Manzanares-Daimiel-Ciudad Real (1860).
La decoración no pasa del propio almohadillado y la gracia que le dan las esquinas de sillares colocados en “asiento y traba”.  Todo ello se refuerza con los entablamentos y aleros escalonados, además de los frontones mixtilíneos de los huecos. La tipología es de corte Historicista  utilizando formas renacentistas en los almohadillados y adintelados de los huecos, además, en el antepecho de la terraza del edificio central, se disponen unas pilastrillas verticales con aire de triglifos y metopas lisas.

Estación de Valdepeñas.


Estación de 1880, en su entorno en los primeros años del siglo XX le fueron añadiendo bodegas y fráficas conexionadas a las vías. Se compone de un edificio central de dos plantas al que se le añadieron  en 1917 dos cuerpos  laterales  aunque de  una  sola planta; pero gemelos al principal( sobresalen de la marquesina a lo largo, según  el antiguo diseño de MZA). El conjunto tiene planta rectangular con una parte central de dos alturas (1880) y dos anexos de una planta (1917) a ambos lados.

Estación de Valdepeñas, aunque historicista tiene fuerte carácter barroco.

El edificio central se levanto de ladrillo y piedra sillar en zócalos, recercados de huecos y en las esquinas almohadilladas. El bajo tiene nueve huecos en línea vertical con los huecos de la planta superior. Los huecos del bajo se orden con dobles parejas de puertas en el centro, separadas por la ventana de “non”, las puertas como las ventanas son muy estilizadas y de la misma altura y anchura con lo que el conjunto resulta muy regular, reforzando aún más  la igualdad con un discreto arco de campanel y unos abultados frontones que llaman especialmente la atención ( un matiz de las puertas con las ventanas es tener el frontón  mixtilíneo .
Un entablamento da paso a la segunda planta con ventanales idénticos en línea y en forma a los ya descriptos. Esta planta se remata con una discreta cornisa sobre la que sólo se carga los pináculos de las esquinas, más abultados que otros tantos intermedios y un gran reloj que sobrepasa el edificio y marca la simetría de la fachada principal. El posabrazos de la terraza está retranqueado hacia dentro en todo el perímetro del edificio para no restar protagonismo a los remates ni al reloj.

Aunque el edificio se encuadra en el historicismo neoclásico en cuanto a la estructura y distribución de huecos; pero sin embargo hace mucho hincapié en la decoración Barroca con los voluminosos frontones, vierteaguas y recercados de huecos  en   contraste con las ventanas y puertas tan estilizadas, además llama la atención los entablamentos  entre planta y planta y los numerosos pináculos, así como los sillares almohadillados de las esquinas. Especial protagonismo tiene el reloj sobresaliendo hacia arriba del conjunto de la obra. Hay, además, alguna nota modernista como las líneas de los frontones de las puertas y la configuración de la obra del reloj.

Las Minas del Horcajo, un gran núcleo de Arquitectura Historicista.

Este conjunto minero en el término de Almodóvar del Campo, se registra en 1858 y en 1868 se dice: “Las galenas, así como los óxidos de hierro es importante de Sierra Morena había aumentado su potencial mecánico en 946 caballos que indican la consolidación  de sus instalaciones.
A pesar de las bajadas de precio del plomo  en 1902, se termina la vía  estrecha  del “Trenillo”, Valdepeñas-Calzada-Puertollano quedando unido el transporte del mineral  con Madrid-Córdoba a través del enlace de Valdepeñas y , a su vez,  en 1907 Ciudad Real-Badajoz con el enlace Puertollano-el Horcajo-Peñarroya, tren minero  también de vía estrecha (60 cent., igual que el “trenillo”). Tras un paréntesis de actividad, a partir de 1911, se cerraron las minas definitivamente en 1963.
Este núcleo minero en sus mejores años 1873, tenía seis filones principales en explotación :”San Alberto”, “Ana María”, “Paralelo”, “San Germán”, “Argentino”, Etc. En esta época el poblado del Horcajo se convirtió  en una pequeña ciudad con más de 4.500 habitantes, dotada con una magnifica iglesia, hospital, escuelas, Central de producción eléctrica, “fábrica de Luz”, y ,sobre todo, el tren de vía estrecha Puertollano-San Quintín-Peñarroya cuyo túnel de acceso y viaducto son dignas del Patrimonio Industrial.
 Túnel de vía estrecha, Puertollano-Peñarroya,  único acceso al Horcajo desde la parte del Valle de Alcudía.
Hoy en un entorno natural de gran belleza sólo viven 4 familias, el enclave es un valle  formado por dos arroyos en forma de “Y”, su acceso a través de un túnel  de 1054 m. de longitud del antiguo “tren minero”, nos traslada a otros “paisajes olvidados” como si fuera un sueño. Paisajes de extracción y beneficio cuya arquitectura historicista en parte se ha perdido o está en el “Catalogo Rojo”.
Merece la pena una visita y dar un repaso a “esos restos” o “hitos” en el territorio como la Iglesia de San Juan Bautista, e Hospital, la antigua “Fábrica de Luz”, la Estación, el Túnel y, sobre todo, el impresionante Viaducto de piedra, competidor con su homónimo de la “máquina del tiempo” el AVE, única nota  allí del signo de nuestros tiempos que en “abrir y cerrar de ojos”,  de cuando en cuando, nos despierta de nuestro sueño.

Las Ruinas de la Iglesia y el Hospital.


Ambas edificaciones anexas y de tipología Historicista, ocupan la calle central, muy próximas al túnel de estrada a la población. Las edificaciones son de mampostería mal puesta, salvo las esquinas con la gracia del sillar de “asiento y traba” y tanto el recercado de huecos como la “torre” de la iglesia son de ladrillo rojo prensado.
Hospital e Iglesia en ruinas como el resto del pueblo, salvo cuatro familias que habitan el Horcajo, “Y”.
 El Hospital haciendo línea con la calle principal consta de dos plantas a dos aguas con la caída de los frontones de sus testeros con óculo. Tanto las ventanas de la planta baja como la alta son muy discretos y con arcos de campanel y los del bajo muy  elevados por encima de la línea de zócalo.
La planta baja se remata tanto en el Hospital como en la iglesia con una verdugada o entablamento perimetral que da paso a la planta superior y al segundo cuerpo de la “torre”.  Las plantas altas de ambas edificaciones, Hospital y torre, se culminan con otro entrablameto o cornisa sobre el que se asienta el tejado a dos aguas en el Hospital y la gran espadaña de tres cuerpos en la iglesia
La “torre” o gran espadaña de la iglesia comparte fachada con la entrada del Hospital. En lugar de torre, hace sus veces una “alta espadaña” de tres cuerpos construida con aire mudéjar en ladrillo. La parte central del primer cuerpo la ocupa una hornacina con arco de medio punto calada a ambos caras de ésta, sobre la cornisa que remata este cuerpo, se monta el segundo cuerpo de la espadaña con dos huecos de medio punto para las campanas y el tercer cuerpo se monta sobre un alero con gracia de tejado a cuatro aguas, sobre el que está  un frontón  mixtilíneo, rematado con una esfera cósmica  y la cruz final, ambas piezas en filigrana forjada.

La “fábrica de luz” (Dinamo).


Surtía al poblado y al tren minero de vía estrecha, Puertollano-San Quintín-El Horcajo-Peñarroya. La edificación de la 2ª mitad del XIX con una tipología  historicista neomudéjar.
 
“Fábrica de Luz” que alimentaba el poblado y el “Tren Minero”, conocido por el “Eletrico ”( sin la “C”).
Consta de dos torreones cilíndricos, anexos a un cuerpo central plano con la puerta de entrada con arco de herradura, igual que las ventanas de las torres. El remate de las torres es un alero circular aterrazado hacia afuera y el cuerpo central se remata con otro alero más discreto. El conjunto tiene un fuerte carácter de fortín medieval. La fábrica de mampostería mal puesta y ladrillo para los recercados de huecos, cornisas y decoración a base de casetones yuxtapuestos en forma de “U” invertida, que dan paso a la cornisa.

La boca del Pozo “Argentino”.


Esta edificación, una muestra de las numerosas edificaciones mineras, en su mayor parte derruidas o en franca ruina. Sus pautas arquitectónicas reponden al gusto Historicista propio de la época.
 
Castillete, “Boca de Mina” del Pozo el “Argentino” en estilo historicista neogótico.
En este caso, sigue el formato Neogótico simulando las pilastras del crucero de una iglesia, así como sus estilizadas ventanas y arcos en ojiva. Con el estilo gótico y su estructura  consiguen una torre o “boca de mina” con la suficiente solidez para el peso de la elevación del mineral.

El Túnel y el Viaducto del tren de vía estrecha.

Ambas obras son un modelo de “ingeniería industrial”, relacionada con la  mineria. Este “Patrimonio Industrial” exhibe en los inicios de la revolución industrial un arte a medio camino aún, entre la tipología de iglesias y palacios y lo que serán construcciones industriales ex profeso para la explotación y producción.
El Túnel muestra tramos de mampostería colocada en sus paredes y bóveda de cañón ya con hormigón como un nuevo material igual que el hierro y el vidrio.
El Viaducto de esta antigua vía minera para salvar el desnivel del valle del Horcajo “Y” es impresionante. Esta erigido sobre altas pilastras que hacen de tajamares y soporte de los arcos de grandes dovelas de sillar de medio punto. La obra está fabricada en mampostería colocada tanto en los interiores de los ojos como en los planos de las fachadas.
Viaducto de Piedra del Antiguo Tren de vía estrecha que compite junto a su homónimo moderno del AVE a su paso por el Horcajo.
Ambas modalidades constructivas, mampostería colocada y sillares ofrecen un extraordinario contraste en su combinación, fruto de este “historicismo romano”. Se remata el viaducto con un pronunciado entablamento montado en parte sobre ménsulas mixtilíneas en forma de triglifos  y entre trecho y trecho las correspondientes gárgolas de desagüe con perfiles mixtilíneos, propias de los puentes romanos.

Con el Hierro quiebra el Historicismo y surge el Modernismo.


En medio de la polémica europea  ante la arquitectura del hierro, hierro sí o materiales tradicionales, Daimiel, Ciudad Real, los Balnearios de Villar del Pozo, Puertollano y, además, en edificios más funcionales como las marquesinas de las estaciones de Alcázar, Valdepeñas, Manzanares, etc. Se edificaron en la década del 1870 con columnas de hierro colado o fundido. El uso más importante del hierro fue la columna, incluso en elementos urbanos, será el protagonista de la arquitectura del siglo XIX. No obstante, la arquitectura  finalizó el siglo sin distorsiones de los avances tecnológicos del hierro. El objeto arquitectónico continuó inscrito en los materiales tradicionales, aunque hubo excepciones como la de Henri Labrouste “Biblioteca de Saint-Genevievé” de Paris (1848).
La arquitectura oficial no se vio afectada por la “Revolución Industrial” y, la posterior introducción del hierro, sólo se circunscribió a estaciones del ferrocarril, a pabellones de exposiciones o a lugares de reunión como cafés, hoteles y balnearios. Por regla general había un rechazo a la arquitectura ajena a la tradicional por falta de asimilación de los nuevos códigos y, sobre todo, por su identificación con los ingenieros. Algunos  arquitectos decían  que era una arquitectura de ingenieros desposeída de valor estético. Así se muestra Domenech: “Sólo buscan lo útil en sus construcciones, sin preocuparse para nada de su condición estética, los que fomentan el material a sólo el calculo mecánico haciendo caso omiso de la forma y despreocupándose  completamente  de las proporciones y leyes del buen gusto”.
En  esta dualidad arquitectónica, se utiliza el hierro y se exhibe en plena Plaza de Daimiel, mientras en Ciudad Real, los Balnearios de Villar del Pozo y Puertollano, se utiliza en recintos más retringidos. Aunque se usa el hierro por mayor resistencia, menor peso, escaso volumen, poca mano de obra, etc. Pero por el contrario se frenaba su uso ya que no entraba en la idea del Historicismo, de ahí que la aparición de estas obras en nuestra zona marca la aparición del Modernismo .

Plaza Porticada de Daimiel.


La edificación de la “plaza porticada con columnas de fundido” en Daimiel en medio de la polémica arquitectónica va unida en lo económico al triunfo de un “capitalismo local”, la ciudad en esa época se convirtió  en una “pequeña Barcelona”, paralelamente, se dio el triunfo del liberalismo en el orden político y los valores burgueses en la esfera social, el “viejo ideal” del bienestar público, produjo hondos desequilibrios que fueron el germen de un gran descontento.
La Plaza de la Constitución de Daimiel (se refiere a la Pepa de 1812), la de los “Portales Blancos” ( Portales de obra, la empezaron a edificar con las actuales columnas de hierro fundido el último cuarto del siglo XIX.
 
Un proyecto “atrevido”, plaza porticada con columnas de fundido para su época, década del 1870.
El proyecto de gran envergadura duro 50 años hasta los años 20 del pasado siglo que remodelaron los últimos  “Portales Blancos” correspondientes a las actuales Oficinal del Banesto, Las columnas que hay en las casas correspondientes a los Bares Club y Posada fueron sustituidas en 1882, según el rótulo de fabricación en la Fundición de Sevilla.

El Gran Casino de Ciudad Real.


El “Gran Casino de Ciudad Real” (1887), también conocido como el “Casino de los Señores” ya que constituía el escenario de un “pujante capital local. Obra del arquitecto,  Sebastián Rebollar Muñoz, más de 20 años en ejercicio en Ciudad Real con obras como el Banco de España en la Plaza del Pilar y el Palacio Provincial.

Fachada principal del “Gran Casino” de Ciudad Real.
El Gran  Casino se construyó con la aparición del hierro como nuevo material y por tanto en una época de crisis en la tipología arquitectónica. Ante esta dualidad, Rebollar, se muestra como un arquitecto mirando atrás más que a los nuevos usos que ya se estaban poniendo en práctica. En esta edificación el Historicismo y el eclecticismo constituirán la base de su composición. No obstante, la utilización del hierro la hará aunque de una forma muy discreta: realizará en hierro las columnas de sustentación que enmarcan el patio, así como la balaustrada de la terraza y el balcón de la orquesta en el Salón de Baile.
Rebollar tiene el mérito en ser uno de los vanguardistas en la introducción de la “arquitectura del hierro” en Ciudad Real. Entiende que este material se va imponiendo a los materiales tradicionales y apuesta por una arquitectura que monopolizará el futuro; por lo tanto, se le puede considerar Premodernista.
El edificio de planta trapezoidal de 1710 metros cuadrados, consta de un semisótano y planta principal (posteriormente se le añadió una más en dos fases). Tiene tres fachadas principales a las calles Caballeros, Pérez Molina y del Prado. Entre las numerosas dependencias, destacan: Un gran patio central columnado, un salón de baile y una sala de tertulia.
 
Patio Central columnado del “Gran Casino de Ciudad Real.
El Patio Central, a pesar de los cambios realizados sobre las columnas de hierro forjado (embutidas dentro de las actuales)  y la cubierta de cristal conserva su distribución, estructura y armonía proporcional. El Salón de Baile con gran amplitud y un “coqueto” balcón para la orquesta. La actual  techumbre es una conseguida réplica de la original. En el Salón de  Tertulias los cambios  que se han experimentado son mínimos: Conserva la gran lámpara y el friso de madera, así como las molduras fueron sustituidas por una meritoria réplica.

El hierro en templetes, balnearios y marquesinas de estacione.

Los templetes son una materialización de muchas iniciativas que comenzaron a tener los poderes locales en el siglo XIX, añadida a la construcción de teatros, mercados, pabellones, pasajes, etc. Como la iniciativa era municipal, era lógico que los diseñadores  de los templetes fueran los arquitectos municipales. En unos casos eran inventados y en otros encargados  a las casas constructoras. De ahí que pueden encontrarse similares elementos: columnas de fundición y antepechos.
 
Templete colocado en el Prado de Ciudad Real, procedente de los Baños de Villar del Pozo.
Lo más habitual, tienen plataforma octogonal y sobre ésta arrancan unas columnas que soportan la cubierta. Sobre esos elementos, por lo general comunes, presentan múltiples variaciones: Tipo de cubiertas, modo de acceso al pretíl, el entorno con bancos o fuentes, el conisamiento y los arcos, los motivos de la decoración, etc.
Con esa gama tan variada, los templetes poseen características de gran calidad que lo asocian a países europeos. En la mayoría de ellos, llama la atención el orden de sus columnas  y se complementan con iconografías  características de éstos, generalmente, alusivas a la lira, al emblema de la ciudad, al comercio, industria y agricultura.
El balneario de Villar del Pozo también tuvo gran actividad durante los siglos XVIII y comienzos del XIX hasta los años 50.  Los baños tenían un kiosco musical que se encuentra en los Jardines del Prado de Ciudad Real, actualmente están cerrados al público y el edificio funciona como Escuela-Hogar.

Fuente Agria de Puertollano.
El Balneario y la Fuente Agria de Puertollano, en 1827 se proyectan grandes obras en la Fuente Agria; pero en el 1878 la caja del manantial se quedó de una sola pieza y sobre un hexágono, posteriormente, octágono y unos escalones se construyó el actual templete. El monumento más representativo de Puertollano lo es, sin duda, la “Fuente Agria”,  el cuerpo de la fuente es un “bello obelisco” con cuatro lados adornados con las correspondientes cabezas de león.
La Casa de los Baños de Puertollano.
Las marquesinas de las estaciones no llegan hasta el último tercio del XIX, no empezaron aparecer de manera generalizada en espacios públicos, sostenidos enteramente por piezas de hierro. Se trató al principio de Marquesinas de ferrocarril, mercados e invernaderos. La asimilación de esta estética del hierro se empieza a considerar en la 2ª mitad del XIX. La estética del hierro se basa en la posibilidad de elevar los inmuebles con finísimas columnas metálicas y  manejar estéticamente las cubiertas. El inmueble se convierte en espacio libre. Las exposiciones universales Barcelona, Sevilla, París, etc. marcaron  el gusto del siglo y como ejemplo está la Torre Eiffel con el afán de crear cada vez  espacios más amplios y estructuras más altas.
Marquesina de la desaparecida “Estación de Ciudad Real”.
Algunos modelos destacados de marquesinas en este entono son las de las Estaciones de Alcázar de San Juan, Manzanares, Valdepeñas, Daimiel, etc. y las de Ciudad Real y Puertollano, derruidas con sus respectivas estaciones en pro del AVE.

Nogalera.







 



martes, 4 de diciembre de 2012

I La Arquitectura del XIX en Calatrava y su Entorno.

 



 “Palacete” de Alvinesa en Daimiel, 1860.
La arquitectura Ochocentista comienza con la influencia de Juan de Villanueva y los arquitectos de la  “Academia de San Fernando”, bajo el signo del Neoclásico y el pensamiento Ilustrado. En sus inicios la Arquitectura del siglo XIX depurará y adaptará el monumentalismo Neoclásico a la aparición y desarrollo de la burguesía  que introduce cambios fundamentales en los edificios tanto en nueva función como en su estructura, sobre todo, en las ciudades. La incorporación de nuevos materiales –hierro, vidrio y hormigón- les va a permitir soluciones  inéditas para muchos  de los problemas arquitectónicos.
 
Chimenea del 1860, “Palacete” de Alvinesa, edificio Historicista y Premodernista
La transformación más evidente de los nuevos intereses se va experimentar en la vivienda. La casa solariega y palaciega da paso a la “vivienda plurifamiliar”. En la jerarquización de los dos pisos que aparecen por planta, tiende a dar mayor relevancia a los bajos –“principal”- . La aparición de un elemento típico de la arquitectura burguesa, “el mirador”, un espacio recuperado  que aproxima a las personas, a las mujeres, especialmente a la calle. Según Valeriano Bozal: “Básicamente burgués porque es sólo en este tipo de vivienda donde aparece, ni la mujer que pertenece a la aristocracia que continúa viviendo en su palacio, ni la mujer de las clases bajas, tienen necesidad de esto: La primera porque le interesa  permanecer “incontaminada” y, además, tiene jardines y la segunda porque su contacto en la calle es real, vive prácticamente en ella”.
En esta nueva vivienda “plurifamiliar” hay una nueva “disposición”, en la fachada principal se ubica la” parte noble” –salón, comedor y despacho- y los servicios en la trasera  con patios interiores que permiten airear la casa, – el saneamiento empieza a introducirse-.En la arquitectura burguesa del siglo XIX de nuestra comarca hay tres tendencias:
Fachada del Ayuntamiento de Almodóvar del Campo, inaugurado en 1926.

-El eclecticismo o historicismo, recrea estilos anteriores tratando  de encontrar la tipología más representativa de la zona. Dentro de este estilo destaca el Ayuntamiento de Almodóvar del Campo con la fachada Neoclásica (1926); La Casa del General Prim en Retuerta del Bullaque;  La Torre de Abrahán junto al embalse homónimo; desde el punto de vista “estilístico lo que caracteriza la arquitectura burguesa del siglo XIX es la utilización del historicismo que trata de recuperar tendencias anteriores, impone una variedad lingüística  que habían crecido en los siglos anteriores”. Aquella peculiar fisonomía arquitectónica que tiende a configurar la imagen de la burguesía que quiere dar de sí misma, nos ha dejado una rica tipología como vemos en el Palacete de la Encomienda de Múdela  en el Viso del Marqués; Un Cortijo muy representativo de la Región es el de La Fuenlabrada  en Villahermosa  con varias dependencias agrícolas  franqueadas por dos torres.

Castillo” de la Encomienda de Mudela, lugar de cacerías reales.
La tendencia Neomedieval, durante el Reinado de Isabel II se produce una supervaloración de los monumentos góticos que son imitados para construir las iglesias, mientras el estilo mudéjar es muy estimado por su belleza. Este estilo será muy ensalzado por los románticos, su pervivencia llegará al siglo XX  por la facilidad técnica y el económico uso del ladrillo. En varias casas de nuestros pueblos la tradición árabe es patente y, sobre todo, destaca en la región la Iglesia de la Virgen de la Soledad en Moral de Calatrava, la Fábrica de Explosivos de Argamasilla de Calatrava, Fábrica de Harinas de Aldea de Rey y Manzanares. 
 
Plaza Porticada con columnas de fundido de Daimiel, 1882.
Como tercer tendencia en nuestra comarca, destaca la arquitectura del hierro y vidrio. Las primeras construcciones de hierro y cristal están en los Balnearios de Villar del Pozo y Puertollano, ambas de José Ramón Berenguer; en los Puentes de Ferrocarril como el de Guadalmez y en las llamadas obras de “arqueología Industrial” como son las Estaciones del Ferrocarril de Almadén y de Puertollano (1873), Otras estaciones  con rasgos eclécticos son  las de Valdepeñas, Tomelloso, y Alcázar de San Juan. Las Columnas del Porticado de la Plaza de Daimiel (1882).

Construcciones Historicista: Neoclásicas, románticas y con rasgos modernistas.


Lo que caracteriza el estilo de la arquitectura  de la 2ª mitad del siglo XIX  y  precios del XX, es la utilización de un “Historicismo”, recuperación de tendencias anteriores: barroco, neoclasicismo, romanticismo, etc. Esta recuperación  no será una aplicación estricta, sino que le introduce cambios esenciales que dan lugar a una  nueva fisonomía arquitectónica 

Detalle de la “Fábrica de Harinas” de Manzanares, 1881.
para configurar y exhibir una imagen de riqueza. La evolución hacia el romanticismo fue lenta, así como los reflejos del modernismo, le costó abandonar los cánones neoclásicos,  entre otros motivos, le parecían los más adecuados para el tipo de arquitectura civil que se estaba haciendo, especialmente, por el problema central de toda edificación: su estructura y distribución del espacio. Así  el “Palacete” de Alvinesa en Daimiel, el Ayuntamiento de Almodóvar (1826-1929) tendrá fachada neoclásica, muchas viviendas en Corral de Calatrava,  la Casa del General Prim, La Torre de Abrahán, etc. A esta “variedad lingüística”  que habían conocido los siglos anteriores, le introducen  “cambios” y lo mismo configuran “un palacete”, “una edificación industrial”  que “un complejo conventual” como la Iglesia y Convento de los Padres Pasionistas de Daimiel.

El Palacete de Alvinesa en Daimiel.


Este singular palacete de Daimiel de “Estilo Neoclásico Romántico y con fuerte “Carácter Modernista”,  con sabor francés es único en la Región. No se entiende  esta “edificación isla” en plena Mancha, surgida en la 2ª mitad del siglo XIX (1860), sin reparar en sus mecenas.

Distintas secciones que tenía la Entidad Franco-Suiza cuyos titulares J.C.Bhler, Issanjou y Casín , dedicados a la elaboración y exportación de aceites y vinos de Ciudad Real y Toledo.
En 1860, simultáneamente a la inauguración del ferrocarril de Daimiel, se establece en la localidad la Entidad Franco-Suiza cuyos titulares J.C.Bhler, Issanjou y Casín , dedicados a la elaboración y exportación de aceites y vinos de Ciudad Real y Toledo.  Al consultar estadísticas y trabajo de la Entidad en 1897 se exporta la fabulosa cantidad de 100.000 hectólitros de la clase excepcional de los vinos  “CALIDAD DAIMIEL”, denominaban a la Entidad: “LA REINA DE LOS VINOS BLANCOS DE ESPAÑA” (tal fue el auge que en el “Palacete” en cuestión “hondeaba la bandera francesa”, ya que en esta edificación se ubicó el consulado francés.
Conocidos los titulares del “Palacete”, entendemos que si la evolución de la arquitectura hacia el romanticismo fue lenta en España y, sobre todo en esta comarca, quedándose  sólo en algunos aspectos decorativos; sin embargo, en el “Palacete de Daimiel” está presente un avanzado Neoclasicismo Romántico con muchos rasgos de modernismo francés en cuanto a la distribución y estructura del edificio (tipología propia de la Plaza Real de Francisco Daniel Molina (1866). 
 Aspecto actual del “Palacete” de Alvinesa en Daimiel, 1860.
El hecho de que la construcción sea tan vanguardista en la zona y en la época, se debe a que sus promotores francos-suizos lo concibieron  hasta en su distribución y funcionalidad, pues los gustos de esta burguesía centro europea difería mucho de la “castellana”, aquella era una clase dinámica, ligada a la industria y al comercio, llegados aquí en plena expansión; mientras que ésta  encontraba sus recursos económicos en la propiedad de la tierra y en la alta burocratización estatal.
 Ante el edificio, salta a la vista la preocupación por el espacio y su funcionalidad, aspecto poco tenido en cuenta por los arquitectos de la época. Es un bloque compacto de cuatro niveles, en el conjunto de la edificación nada sobra, ni falta, está presente lo mires por donde lo mires la armonía,  ya que es una edificación exenta. Fue necesaria la llegada de esta burguesía para desarrollar este modelo arquitectónico más de fuera del país que de dentro.
Para conseguir la singular tipología de este edificio, compacto y estilizado a la vez, ponen como pieza clave el semisótano cuyo soporte es sustancial y, al mismo tiempo, discreto, tanto sus ventanitas como la entrada  por la zona trasera pasa desapercibido.  No sólo por el realce y estilización de la edificación, sino porque pone de manifiesto ya el saneamiento y el abastecimiento del mismo. (Aquí se ubica cocina, despensas y personal doméstico. Con acceso a la” planta noble” mediante montacargas y escalera estrecha de servicio). El interés por la tecnología está puesto aquí.
La cuarta altura  abuhardillada al tejado, junto con la techumbre de la torreta cónica de cinc le daba sabor francés. (En una posterior restauración, la reconvirtieron  en la cuarta planta aunque con ventanas más discretas en altura).
Las alturas intermedias estaban concebidas como “zonas nobles”  o residenciales. En la fachada principal  la puerta  con unos escalones y pasamanos de buena forja como la marquesina sobre  la puerta principal. También está presente el habitual “mirador” de la época que, a su vez, sirve de marquesina a una puertecita de servicio.
Los huecos de las “alturas nobles” son amplios y altos con unos discretos arcos de campanel, sin rejas y en su lugar fornidos antepechos  de madera muy bien combinados. Los huecos del semisótano y la última planta más bajos; pero todos coincidentes en una regular distribución.
La distribución armónica de fachadas y huecos se potencia aún más con la combinación del blanco para el recercado de ventanas y balcones, así como molduras continuas y verticales en las esquinas y horizontales también continuadas  rodeando el edificio a modo de entablamentos en la base de los huecos  y el color almagre para todos los entrepaños.  El contraste se potencia todavía más con el color marrón de las balconadas, los antepechos y los canecillos con sus aleros muy pronunciados. 
 "Fachada Principal” del Palacete  de Alvinesa.
Como rasgos modernistas que tiene este “palacete”, se observa una dualidad, por una parte el tratamiento espacial indicado tanto en la estructura del edificio como en la distribución de los  huecos y, por otra parte, como un añadido, la decoración moldurada, los “capialzados” de las ventanas con gracia de discretos arcos y un entablamento en forma de triglifos que da paso a la última planta.

Interior del “Palacete”.

 Chimenea  con aire francés de la época, 1860.
El semisótano bien iluminado y con acceso desde la torre cónica por la parte trasera, se dedica a la cocina, despensas y residencia del personal doméstico que mediante un montacargas “mecánico” y una escalera estrecha de varios cuerpos son los elementos que comunican y abastecen a las “plantas nobles”.

 






Detalle de la tarima del suelo con sabor a mudéjar del “Palacete” de Alvinesa, Daimiel.

Desde algunos escalones con pasamanos y  protegida con marquesina de hierro, se encuentra la puerta principal para acceder  a  un “hall”, a la izquierda de éste una escalera de dos tiempos conduce a la planta segunda y a la derecha de éste “especie de zaguán”  se dispone un gran salón con una “coqueta chimenea francesa” y  enfrente una puerta nos conduce directamente a       un gran salón distribuidor  de la planta con dos ambientes  separados por un arco de campanel. A la derecha del salón dos estancias, sobre todo, la de la izquierda sobre la cocina del semisótano, provista de montacargas y una escalera estrecha de varios tiempos para  comunicación del servicio, es clave ya que el interés  por la tecnología está puesto aquí.


Escalera de acceso a la segunda “planta noble”.
La segunda planta sigue siendo parte noble de la mansión, se destinaba a dormitorios, cuartos de niños y servicios. Por su parte, la tercera abuhardillada al tejado, esta  tercera altura, a parte de la estética que marcaba  con sus ventanas abuhardilladas al tejado en consonancia  con la torre del mismo, se empleaba para guardar todo tipo de enseres y las labores domesticas de las coladas, planchado, costura etc.
Uno de los salones del “Palacete” de Alvinesa de Daimiel.
El interior se encuentra tal cual en su disposición y equipamiento. Goza de altos techos, puertas de talle alto con un fijo de palilleria  con vidrio,  combinando cuarteronas  en  la parte baja y palillería en el resto; las  balconadas de dos hojas,  provistas de fornidas fallebas, tienen la parte baja de cuarterones y cuatro piezas de cristales cada hoja. Los suelos son hidráulicos o entarimados en forma de espigas con aire mudéjar.

El Ayuntamiento de Almodóvar del Campo.


Impresionante la belleza del edificio historicista  del consistorio de este municipio. La singular hermosura está presente tanto en sus estancias interiores como en su frontal exterior de corte neoclásico. La Corporación se ha propuesto poner en valor el patrimonio público de éste  y ya ha rehabilitado el tradicional despacho de la alcaldía cuyo uso era almacén  de todo tipo de enseres y pasto de la humedad. En esta tarea ha entrado la restauración de un gran mural pintado al fresco sobre el Partido Judicial de Almodóvar y la recuperación  del tradicional reloj.

Ayuntamiento de Almodóvar del Campo, inaugurado en 1929.
Pendiente de restaurar está un magnífico artesonado que atesora este singular edificio inaugurado en 1929.  A su palaciega fachada le darán su apariencia original, oculta bajo una aplicación artificial de mortero.

La Casa del General Prim en Retuerta del Bullaque.


Con los Montes de Toledo al fondo, presidiendo una finca agrícola y ganadera en el Término Municipal de Retuerta del Bullaque, se ubica el “Castillo de Prim”, se accede a la explotación  por una amplia “puerta cortijera” de la época, fabricada  con dos sólidas mochetas de ladrillos, rematada con sendas zaparas del mismo material y un tejadillo  árabe a dos aguas.
 Entorno y “Castillo de Prim” en Retuerta del Bullaque.
Desde la entrada ya destaca al fondo en medio de un bonito paisaje natural,  la Casa-Palacio de Prim.  Si mayor interés está en la fachada principal, en ladrillo y ocupando un plano destacado la puerta de entrada. Este bloque preferente está franqueado por dos torreones almenados que dan todos los rasgos de una fortaleza en el solitario paraje. La tipología de la edificación y la configuración del medio natural, junto las leyendas tradicionales del bandolerismo de la zona, le confieren al conjunto un fuerte carácter romántico  acorde con el gusto de la época.
 El Cortijo de La Fuenlabrada en Villahermosa.

En un paraje de gran bellaza,explotación agrícola y ganade,nos encontramos con el cortijo de La Fuenlabrada, totalmente aislado, igual que la Casa-Palacio del General Prim su construcción corresponde al siglo XIX, con una tipografía de arquitectura Historicista de fuertes rasgos románticos, por su semblanza con las torres almenadas de un castillo medieval y por la belleza del medio natural que preside.
Su fachada principal, consta de una planta baja con la puerta de entrada y en las esquinas se disponen dos corpulentas torres cuadradas y almenadas de gran grosor y altura. Salvo  un discreto alero que soporta el antepecho almenado que es de mampostería, el resto hasta el suelo se encuentra enjalbegado como las  restantes dependencias anejas de la explotación.
 Fachada del Cortijo de la “La Fuenlabrada” en Villahermosa.
Se dice por la zona que: “Entre los límites de Carrizosa y Fuenllana se encuentra La Fuenlabrada donde sitúa Cervantes el episodio de las Bodas de Camacho”. En cualquier caso no deja de ser una alegoría a estas construcciones  ya que en Villahermosa hay más de ciento ochenta que  en sus buenos tiempos fueron habitados por guardas, pastores, gañanes, jornaleros y, algunos, por sus propios dueños. En el lugar, D. Juan Guillén Rodríguez (Cobete), los ha puesto todos en verso y el que nos ocupa suena así:
Y también hay dos
Cortijos en la Fuenlabrá,
Donde residen los guardas
Y la casa principal

Palacete de Mudela, el Viso del Marqués.


 
Fachada principal del “castillo de la Encomienda de Mudela” en el Viso del Marqués.
Ocupa la zona central de la Encomienda de Mudela de 17.295 ha., se trata de una de las mayores explotaciones agrícolas y cinegéticas de la región, acomodada para la caza menor, sobre todo de la perdiz, para la familia Real. Al recinto o residencia se accede por una gran puerta de forja “maciza”, franqueada por dos artísticas mochetas de ladrillo. El interior del recinto dispone de un núcleo poblado por numerosas dependencias tanto para el servicio como para los acompañantes ocasionales del protocolo.
Del conjunto de edificaciones, norias y añadidos decorativos, destaca la Capilla exenta y el Palacete de Mudela con su propio recinto de forja y las garitas de vigilancia. Tanto la Capilla como la residencia real fueron construidas en el siglo XIX de carácter historicista con tal resultado que es todo un catálogo  de la arquitectura de la época.
El palacete lo integran dos  cuerpos adosados de tres plantas el que es el bloque madre con puerta adintelada y porticada  con dos columnas. El otro bloque adosado contiene la puerta secundaria y está algo retranqueado al fondo. Todo el conjunto está construido de mampostería con cuarcita almagre en los espacios libres y con ladrillo en las esquinas, las verdugadas de los muros, los huecos, los entablamentos y las ornamentadas cornisas,  que exhibe un eclecticismo mudéjar muy usual en la zona donde se ubica. 
Capilla del “Castillo de Mudela”.
El bloque principal en su primer cuerpo, a ambos lado de la puerta contiene el mismo número  amplias  ventanas adinteladas y se remata con un discreto entablamento de ladrillos que los rodea y da paso al segundo cuerpo cuyo rasgo distintivos son ventanas de corte gótico, nueva muestra del eclecticismo del edificio.  El tercer cuerpo se apoya sobre otro entablamento gemelo al primero, contiene huecos más discretos que el resto del edificio y se remata con un alero de diente de sierra muy vinculado al estilo mudéjar.
La capilla fuera del recinto residencial,  consta de una nave rectangular  y está levantada en mampostería y ladrillo, consta de tres cuerpos y pilastras de ladrillo adosadas por fuera a modo de contrafuertes en cuyos huecos a modo de capillas se abren ventanas góticas. El Ábside plano en lugar de altar tiene vidrieras en tres ventanas, mayor la central y de corte gótico; se corona el ábside con otra vidriera superior en forma de óculo. El imafronte contiene la puerta de entrada y un pequeño entablamento  que da paso a una especie de frontón mixtilíeo con otro óculo sobre el que se ubica una espadaña conteniendo la campana.

Iglesia y Convento de los Padres Pasionistas de Daimiel.


 Claustro del Convento de los Pasionistas de Daimiel.
Junto a los muros de una antigua ermita donde se veneraba “El Cristo de la Luz (1738), realizaron su Fundación los primeros Pasionistas en 1907. La Ermita del Cristo de la Luz tiene planta de cruz latina en cuyo crucero se levanta bóveda de media naranja sobre pechinas. Pilastras dóricas adosadas los muros  soportan un movido entablamento a lo largo del templo y los arcos farjones de medio punto, intercalados en la bóveda de cañón.

Camarín de la Iglesia del “Conjunto Conventual “de los Pasionistas de Daimiel.
La fábrica de mampostería descolocada y piedra de sillar en las puertas y contrafuertes. En la fachada principal, a  los pies de la nave,  en eje de simetría con el crucero, el altar y el camarín abovedado se encuentra la puerta con dovelas de medio punto y vocación mudéjar enmarcada en un alfiz. Sobre  la puerta una ventana de medio punto ilumina el coro  levantado  sobre arcos de medio punto rebajados, se encuentra  acomodado como oratorio para el convento con acceso desde el mismo. La fachada principal se remata con un frontón con tres huecos para las campanas y un óculo en su vértice.
Puerta de la Iglesia con “aire mudéjar” del Convento de los Pasionistas de Daimiel.
El motivo central del ábside, lo ocupa un gran camarín abovedado con las imágenes del Calvario que da un marco perfecto al altar mayor. Este conjunto está sobre una cripta con bóveda de cañón en la que se encuentran los Beatos Mártires de Daimiel y se accede desde el lado del evangelio, junto al altar.
La decoración de la Ermita Pasionista es muy sencilla, las pinturas de los cuatro evangelistas en las pechinas de la cúpula, rocallas con elementos vegetales y moldurajes mixtilíneos.

El Convento Pasionista.

Adosado a la ermita,  el conjunto conventual lo vertebra un claustro rectangular en cuyo entorno se levantan dos alturas, la primera porticada con pilastras  y arcos medio punto de ladrillo; la segunda planta una galería cerrada con ventanas  de medio punto. La fábrica  de mampostería y ladrillo prensado para las mochetas, los arcos de los huecos, las verdugadas o entablamentos entre planta y planta y, sobre todo, las bases y los remates de los numerosos frontones tanto el de la fachada o puerta principal como  los distribuidos en los testeros de la edificación, en ambas caras de las esquinas. 
Vista  de la fachada y puerta del Convento.
El conjunto conventual tiene un estilo ecléctico historicista  con fuerte carácter  Neoclásico y matices mudéjares.  Tanto los arcos de medio punto como las verdugadas con vocación de entablamento, así como las molduras verticales y los numerosos frontones decorados con ciertos rasgos mudéjares, sobre todo, en los aleros con diente de sierra y el uso abundante  del ladrillo.
Galeria del Claustro del Convento de los Pasionistas.
 A todo ello se añade su integración arquitectónica con la  vivienda tradición, mostrada en los numerosos frontones con óculo como remates de los tejados  a dos aguas o testeros de las quinterías  con tejas árabes.

Construcciones Neomedievales y Neomudejas.


Estas tendencias, se dan, sobre todo, durante el Reinado de Isabel II, se supervaloran los monumentos  mudéjares y góticos. Durante este periodo, 2ª mitad del XIX, se empiezan a hacer construcciones con  fuertes rasgos  de arabismo y mudejarismo, entre otras razones por la gran tradición mudéjar de esta zona, por su sencilla construcción y el bajo precio del material. Se miran en el arquitecto Emilio Aguirre Ayuso, autor del proyecto de las Escuelas Aguirre.
 
Uno de los detalles de la fachada Neomudéjar de la Iglesia de la Virgen de la Soledad en Moral de Calatrava.
 En Moral de Calatrava se construye la Iglesia de La Virgen de la Soledad, En Aldea del Rey Fábrica de Harinas, En Manzanares la Fábrica de Harinas  sobre el Río Azuer ya que utilizaba la fuerza potencial del Agua, en la comarca de Calatrava por su tradición mudéjar  se  animaron las construcciones de todo tipo en la mayoría de los pueblos como Calzada de Calatrava, Aldea del Rey, Moral de Calatrava, Granátula, etc. nos sorprende tantas y tantas casas con el sello mudéjar.

Iglesia de la Virgen de la Soledad de Moral de Calatrava.


Su primitiva construcción sufrió un incendio en su totalidad,  y  a finales del siglo XIX (1884) fue reconstruida  en el  más puro estilo mudéjar, salvo algunos remates pendientes, durante el siglo pasado este templo se ha dedicado a muchos fines en lugar del culto. Hasta el 1990 que se restauró de nuevo hasta 1994 que fue bendecida por el obispo Rafael Torija.
 Fachada de la Iglesia Virgen de la Soledad de Moral de Calatrava.
La Iglesia tiene planta de cruz griega y cúpula de media naranja con linterna.  En su fábrica  se alterna la mampostería mal puesta  en zócalos y murallas con el ladrillo en abundancia  como elemento estructural y, sobre todo,  decorativo. Muchas  partes de esta iglesia como la torre, los entablamentos, las cornisas, los distintos cuerpos de las puertas etc. están monopolizados por el ladrillo como único marial.
La fachada del imafronte  consta de tres cuerpos construidos a base de ladrillos, fabricados a las medidas y formas requeridas  según la decoración. El primer cuerpo contiene la puerta principal, muy discreta en tamaño y con las dovelas alternas en blanco y en negro con arco de herradura muy discreto. Este conjunto se enmarca en un alfiz, franqueado por sendas ventanas muy estilizadas como si tuvieran vocación gótica. Se remata este primer cuerpo con un entablamento muy  pronunciado para dar  paso al segundo cuerpo mixtilíneo en las verticales. El centro de éste lo ocupa un arco de medio punto sobre una  moldura simula  medio rosetón. Esta composición esta franqueada por doble pareja de pilastras muy discretas adosadas al muro para  con el entablamento superior formar un alfiz. Esta fachada principal se remata  con los motivos principales del tempo  y aletones cónicos.
 Detalla arriba de la  puerta de estrada lateral, una obra de “bolillos”.
La segunda puerta en el lateral del Evangelio consta también de tres cuerpos mucho más elaborados a modo de encaje. El centro lo ocupa la puerta gemela a  la principal, franqueada por dos ventanas con su respectivo alfiz, están rematadas con un complejo capialzado. El Segundo cuerpo en su totalidad es un trabajo complicado de pateros en ladrillo.  En el último cuerpo de este paño  destaca doble pareja de ventanas partidas por una columnita  sobre la que se apoyan sus respectivos arcos góticos. Finalmente, el conjunto se remata con un gran alero  en forma de diente de sierra muy complejo como el del resto del templo.
En resumen, este templo en su conjunto es un verdadero encaje de bolillos, similar a otras construcciones de su época y estilo como “las Escuelas Aguirre” de Madrid.

Patrimonio Industrial en estilo Historicista mudéjar y neogótico.


Las Fábricas de harinas forman un “patrimonio Industrial” en el Campo de Calatrava y su entorno.  En la 2ª parte del siglo XIX, por nuestra geografía encontramos muestras en estilo Historicista Mudéjar como la Fábrica de Harinas de Manzanares (1870) y la de Aldea del Rey. Las harineras tomaron un gran impulso con la llegada del ferrocarril y la introducción del sistema de fabricación Austro-Húngaro de Cilindros. Constituyen una singular tipología arquitectónica industrial  de plantas rectangulares con una sola nave de tres alturas, cubiertas con un tejado a dos aguas con tejas árabes  sentado sobre cubierta metálica, propia  ya del final del siglo XIX. En otras industrias como la Fábrica de la Unión Española de Explosivos  de Argamasilla de Calatrava  se decantaron por plasmar en sus edificios huecos y decoraciones góticas.

Fábrica de Harinas de Manzanares.

En mayo de 1881, Francisco Ayala y Mira adquieren solar y puso en marcha la 3ª fábrica más grande de España con 170 obreros, molturan 60 toneladas de cereal diarias y ocupaban 3000 metros de superficie y contaban con la existencia al lado del Río Azuer para aprovechar su fuerza motriz.

Fachada principal de la “Fábrica de Harinas” de Manzanares.
Consta de un edificio rectangular de gran volumen con tres alturas, muy sólido. Refleja el carácter emprendedor de una época cuyos mecenas quieren dar una imagen de sí mismos muy poderosa a través del estilo historicista mudéjar.
La sólida edificación está conseguida a base de piedra sillar para las esquinas y  ladrillo en exclusiva como elemento estructural y decorativo.
La fachada principal a la carretera de Andalucía, deslumbra con su regularidad y armonía  en la disposición de más de 40 ventanas, amplias y estilizadas  sobre un pequeño vierteaguas y sobre sus mochetas un arco de campanel, muy habitual en la zona. A modo de colmenas, todos los huecos están enmarcados  por dobles pilastras germinadas verticales desde el zócalo hasta el alero  y que, a su vez, son cortadas por un discreto entablamento que recorre la fachada remarcando el final de cada planta y el inicio de la siguiente  o el alero del edificio. El alero es todo un compendio de ladrillería mudéjar: Cada pareja de pilastras germinadas interrumpen el alero de casetones arqueados y dientes de sierra con un arco gótico y esta composición da paso a un movido entablamento sobre el que se montan mochetas con remates y entre mocheta y mocheta una celosía de cerámica. Los testeros lo forman nueve ventanas tres por cada plata gemelas a las de la fachada y  se rematan con un gran frontón con óculo, franqueado por cuatro remates uno en cada esquina.
El edificio refuerza el entorno singular  de la Avenida de Andalucía donde coincide con otras edificaciones de la época: El Puente de los Pobres sobre el Río Azuer, La Casa Mirador del Azuer, la Plaza de los Toros, el Templete de la Música del Parterre y, algo más adelante, el Parador de Turismo de Manzanares.

Fábrica de Harinas del Aldea del Rey.


Nuestra Señora del Valle,  su edificio compacto de gran volumen, levantado a base de ladrillo prensado y fiel al estilo ecléctico historicista  con definición mudéjar. La mayor parte de casas en las localidades limítrofes responden a este estilo, similares a la Fábrica de San José de Madrid.
 Fachada de la “Fábrica de Harinas” de Aldea del Rey.
Como ya hemos indicado, forma parte de la tipología arquitectónica industrial de finales del siglo XIX. En este caso,  también es una planta rectangular de una sola nave con tres plantas  cubiertas por un tejado a dos aguas  con tejas árabes,  asentado sobre estructura metálica.
Estas grandes industrias no fueron ajenas a la crisis que sufrió el sector harinero en España  en los sesenta, en parte por la proliferación que  habían tenido las harineras al final de XIX y principios del XX y el aumento de las rentas, sobre todo en las grandes ciudades, conllevó menos consumo de pan.
En la mayoría de las fábricas se han desmantelado sus instalaciones, sin embargo, en Aldea de Rey se conserva toda la infraestructura y maquinaría básica, puede leerse en la maquinaría: “Nuevo Sistema Bühler”.  Hace aún más desolada la imagen de la desaparición de estos edificios, a pesar, de estar en “Lista Roja del Patrimonio.

 

Edificio de la Unión Española de Explosivos de Argamasilla de Calatrava.


Construcción de planta baja con una segunda en forma de torreón en el centro, aterrazado con mochetas y guardapechos calado en forma de rombos verticales. A ambos lados, otras dos edificaciones exentas, más modestas, formando el conjunto una “U” hacía la entrada.

Fachada de la Unión Española de Explosivos en Argamasilla de Calatrava.
La construcción resulta sólida a base con mampostería mal puesta de cuarcita que alterna con cadenas y verdugadas de ladrillo rojo prensado. Las esquinas, las mochetas de la cubierta, el entablamento del final de cada planta, así como los recercados de puertas y ventanas góticas están realizados con el mismo tipo de ladrillos. La puerta de entrada sólo conserva  piedra sillar en su base, el resto está desaparecido con unaspecto similar a la entrada de un cercado agrícola.

Chimenea que ya no existe, desidia, abandono, todo un pueblo reducido a escombros, el “núcleo Minero” del Horcajo.
El rasgo común que se repite con el “Patrimonio Industrial” es el deterioro y abandono que sufre sin que nadie lo conserve, restaure o reconvierta en lugar de nuevas construcciones homogéneas y carentes de identidad
Ngalera.